Ganadería
El Dr. Juan Pérez Jones destacó la evolución genética que ha tenido la raza a lo largo de la historia del Día del Merino
El Día del Merino celebró 25 años de actividad con una selección de reproductores de alto nivel genético. Los jurados de la muestra fueron los médicos veterinarios Juan Pérez Jones, por la Sociedad de Criadores de Merino Australiano del Uruguay y Gracialda Ferreira, por el Secretariado Uruguayo de la Lana. Pérez Jones, cabañero y criador de la raza, recordó que participó “30 años de directivo en la Merino y fui jurado de muchas exposiciones, y en un momento dije que me parecía que había que haber un recambio generacional. Renuncié a la directiva y pedí no ser más jurado de las exposiciones clásicas”. Sin embargo, el aniversario número 25 lo llevó a aceptar la invitación ser el jurado de esta muestra. “Estuve desde un principio con el Día del Merino, se le da un poco más de importancia a la información objetiva, y por eso acepté acompañar”, explicó.Sobre la definición de los mejores ejemplares, dijo que “es muy difícil, pero cualquiera de los dos eran carneros destacadísimos”, y destacó que los cabañeros de la raza están “logrando animales muy balanceados porque no son solo muy buenos en calidad de lana y afinamiento, sino también destacados en peso de cuerpo y peso de vellón”.Para Pérez Jones, la transformación del Merino debe entenderse en el marco de un proyecto que “empezó en el 95 con las pruebas de progenie, después llegamos a las evaluaciones genéticas y se fue agregando información. Un carnero con DEPs o un índice, cuando pasa por la evaluación genética, es muchísimo más confiable que un flock testing que solo compara animales del mismo establecimiento, en una misma zafra”, explicó.La diferencia radica en la posibilidad de comparar animales de distintas cabañas, generaciones y condiciones productivas. “Esto se puede comparar con cualquier carnero de cualquier cabaña y de cualquier edad nacido en cualquier año. Tiene una potencia mucho más grande cuando se busca información y se la usa de acuerdo al objetivo que busca cada productor”, subrayó el profesional.Destacó que el mejor carnero de la muestra se impuso por un equilibrio superior entre variables productivas. “Fue por un balance entre los tres índices y por un poquito mejor de calidad de lana, por eso que lo elegimos. Era más afinador, tenía más peso de cuerpo y nos convenció mucho más la definición de rizo, color y calidad general del vellón”, detalló. No obstante, aclaró que el segundo premio también competiría con solvencia en cualquier pista del país.La aparición de un borrego en el tercer lugar fue interpretada como una señal de futuro. “Tenía algún detalle superior en calidad de lana, muy lindos datos, algún tema menor de pigmentación y nos faltaba que bajara mejor el vellón a la barriga, pero es súper completo y tiene un futuro importante”, describió.Durante años, existió la convicción de que afinar la lana implicaría resignar tamaño corporal y peso de vellón. “Hubo detractores que asumían que al afinar las lanas íbamos a quedar con animales chicos y livianos. Con la evaluación genética se ha probado claramente que se puede mejorar en todos los sentidos”, afirmó.Los resultados actuales lo respaldan. “Se están consiguiendo majadas por debajo de las 18 micras con cerca de cinco kilos de lana total”, señaló. Esa ecuación, de consolidar animales más finos y con buen peso de vellón, antes considerada incompatible, hoy es una realidad tangible en numerosos establecimientos.Pérez Jones también resalto el trabajo realizado en el marco del proyecto FPTA CRILU Merino$ impulsado por la sociedad de criadores y que se desarrolló durante la pandemia. “Buscamos rentabilidad y mejorar la recría, aplicar tecnologías de bajo costo y alto impacto como la suplementación, el pesaje de animales y el manejo por condición corporal”, explicó. La genética, sostuvo, necesita del manejo para expresar todo su potencial.Hoy el criador dispone de tres grandes índices -afinador, lanero y doble propósito- que no responden a criterios arbitrarios, sino a realidades productivas concretas. “No son antojadizos. Tienen una explicación económica para determinados sistemas de producción”, remarcó. En sistemas extensivos laneros, la relación histórica llegó a ser 70% lana y 30% carne, mientras que en planteos doble propósito la ecuación puede acercarse a 50% lana y 50% carne.El horizonte genético del Merino ya no se limita a diámetro, peso de vellón y peso corporal. Pérez Jones describió un visión de futuro que se expande más allá de los DEPs iniciales de la raza, donde ahora se incorpora variables vinculadas a eficiencia de conversión y adaptación. “Estamos midiendo área de ojo de bife y espesor de grasa. Yo le doy mucha importancia al espesor de grasa porque es un equivalente de condición corporal. Los animales con mejor condición corporal pasan mejor las crisis”, sostuvo.Desde su punto de vista, estos animales son capaces de sostener preñez, recría y la producción aun en escenarios adversos. “Si buscamos animales con mejores reservas de grasa van a ser animales que superen las crisis, que desteten un cordero todos los años y que esos corderos sean más vigorosos”, explicó.Lo ambiental también comenzó a integrarse al proceso de selección. “La Merino es la raza que más datos tiene en la base de INIA sobre emisiones de metano y eficiencia de conversión. Hoy no tiene un resultado económico inmediato, pero como imagen país y para los sistemas del futuro va a ser relevante”, afirmó. Cada año se miden 300 borregos del CRILU, además de animales enviados por cabañas a esa evaluación genética.La resistencia a parásitos es otra línea estratégica. “Estamos midiendo HPG hace unos 20 años y hay que buscar animales resistentes porque las moléculas nuevas tardan en aparecer y muchos parásitos ya tienen resistencia”, advirtió el veterinario. Reducir el uso de químicos no solo es una necesidad productiva, sino también ambiental.Consultado sobre los índices reproductivos, Pérez Jones reconoció que existe margen de mejora. “Ahí hay parte genética y parte de manejo. Por eso difundimos tanto el tema de suplementación, el apartado por condición corporal y el mejorar las recrías”, explicó. El objetivo es reducir la mortalidad, mejorar señalada y sostener la productividad sin comprometer el equilibrio del sistema.Para el criador, el Merino actual es resultado de un proceso continuo de incorporación de información. “Cada vez estamos más entretenidos porque tenemos más cosas para seleccionar, pero las herramientas están y es cuestión de conocer qué impacto pueden tener en cada majada y elegir lo que mejor se adapte al sistema”, afirmó.
2026-03-01T07:00:00